Este año, he escrito artículos
mensuales acerca de la DEFENSA PERSONAL INTELIGENTE y el
SDS
Wing Chung.
En ellos volqué mis conocimientos y opiniones en cuanto a
técnica, entrenamiento, preparación mental y emocional, mi
visión del arte marcial como sistema de desarrollo personal,
sus efectos a nivel físico, psicológico, estético, y la
defensa personal como actitud de vida.
Pienso en escribir el artículo de este mes, sentado en un
locutorio. Mi Pc no funciona. El editor de la revista lo
necesita hace una semana, con justa razón me pide que se lo
entregue rápidamente.
Estoy en medio del cierre de numerosas actividades profesionales
y familiares.
Soy de la idea de que los compromisos se cumplen, entonces
intento trabajar duro y eficientemente, en el momento del
último esfuerzo del año.
Como ese pique final de 100 metros que se hace antes de terminar
una sesión de entrenamiento aeróbico, cuando salimos a correr
para mejorar nuestro aire y nuestra resistencia.
El último esfuerzo antes de las fiestas y el descanso de las
vacaciones.
Mientras tanto, la computadora principal está en reparación,
el sistema de banda ancha no funciona, los emails se acumulan,
los pacientes atraviesan sus momentos naturales de crisis por
las fiestas y el balance del año, los alumnos de defensa
personal tienen cansancio
acumulado del año, y calor por el verano aplastante.
Los profesores e instructores vivimos momentos de tensión en
nuestros grupos y escuelas.
Observamos el recambio del grupo, como algunos parecen tirar la
toalla, y dejan de venir en el verano, mientras que otros
recogen el guante del desafío para subir la apuesta e intentar
crecer desde un lugar diferente. El verano como oportunidad para
entrenar otras cosas.
Algunas personas llegan a nuestro Estudio ya cansados, a punto
de desplomarse. Otros desesperan para ponerse al día con
aquello que quisieron hacer a principios de año y no hicieron,
pero quieren el resultado ya mismo. Empiezan el entrenamiento de
defensa personal con calor y pesadez. Sin ganas.
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Y entonces llega el
momento de la práctica de combate de contacto, el
entrenamiento emocional de máxima intensidad de toda clase.
Muchos creen que no lo lograrán.
Golpean, esquivan, patean, reciben golpes, van al rincón, los
golpes marean a pesar de que el casco protege, hacen cintura
para que los impactos no sean tan fuertes, pero caen al suelo,
son retenidos, aplastados, y en el momento que parecen casi
derrotados, a punto de rendirse, sin salida, de pronto, el
cerebro emite la señal, y el cuerpo hace la palanca correcta,
gira, sale de la retención, se pone nuevamente de pie, y la
pelea vuelve a empezar.
Y entonces veo en la cara de mis alumnos y alumnas, una
expresión de satisfacción que me es familiar.
Lo he visto muchas veces. No es una filosofía. Es una
experiencia, una sensación clara, se siente en todo el cuerpo,
y se refleja en la mirada fuerte, en la cara mas distendida.
Casi siempre lo ponen en palabras mas o menos así: " Si
pude hacer esto, siento que puedo animarme a enfrentar cualquier
cosa que me proponga en mi vida."
La esencia de la Defensa Personal para mi, es que
aprendemos a pelear por vivir primero, y por vivir mejor
después.
La vida cotidiana, la crisis económica, el calor, el fin de
año, el lamento por la falta de descanso.
Después de pelear, pelear a fondo, con seguridad pero
intensamente, ya no importa tanto si usaremos lo aprendido
durante meses o años, para la defensa personal
"real" de las trompadas callejeras.
Sabemos defender lo que somos, lo que tenemos, lo que pensamos y
a quienes queremos.
Peleamos por lo que deseamos, nos relajamos mas en los momentos
de crisis, tenemos mas resistencia física y mental que aquel
que no tiene ningún entrenamiento. Respiramos, relajamos,
aclaramos la mente. Y volvemos a pelear.
Y entonces la nota está terminada, sin darme cuenta. Las cosas
fueron saliendo, como en la Defensa Personal o el Arte Marcial.
Hubo que cambiar, probar, ver, sentir, hacer, animarse y
arriesgarse. Aprendí todo esto de pelear en la Escuela o el
Gimnasio, con mis colegas, profesores y alumnos.
Y entonces me siento feliz de haber elegido ser artista marcial,
de haber decidido aprender a pelear por vivir mejor.
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